Compañeros…Pues, lamentablemente o afortunadamente, los compañeros están presentes en nuestra vida desde que nacemos hasta que morimos: cuando nacemos, las enfermeras nos cargan y dirigen hacia los cuneros, y allí, nos vemos obligados a compartir una misma habitación: ¿acaso es9 no nos convierte de alguna manera en compañeros de cuarto?
Y eso continúa en la guardería: los niños comparten los cochecitos, los guardianes espaciales, las pelotas, o las figuras de acción de Superman, Spiderman o Batman, mientras que las niñas pelean por quién tiene al nenuco, el oso de peluche o la Barbie más bonitos (o al menos asó era a finales del siglo XX). De un modo u otro, independientemente del sexo o preferencias de cada quién, todos los niños tienen una misma cosa en común: las autoridades les prestan atención por igual y, como es lógico en el ser humano, no es normal jugar con dichos juguetes sin compañía.
Y algo por el estilo sucede en todas las etapas escolares, sólo que los intereses cambian conforme a la edad: en el preescolar, se comparten los lápices de colores, las voltas de papel crepé, las plumas de ave que decoran nuestros dibujos y los crayones; en la primaria, los niños comienzan a compartir su comida, a hacer mezclas de Sabritas adobadas, Sangría y Danoninos (¡Guácala!), o, a veces, las niñas hasta llegan a intercambiarse los zapatos (y nuevamente, ¡guácala!); en la secundaria hay otro tipo de préstamos: los discos, las tareas, la ropa e incluso l@s novi@s; en la prepa, puedes ver individuos compartiendo las botellas de alcohol, los cigarros y los churros de marihuana; y por último, en la universidad, lo que más se comparte son los intereses (siempre y cuando los compañeros estudien la misma carrera, obviamente).
Y las cosas no terminan allí: cuando terminas una carrera, y vas en busca de un empleo, es más que obvio que tendrás compañeros. Con algunos, tal vez puedas llevar la fiesta en paz, y con otros, habrá dos opciones: o intentas quitarle el puesto, o él (o ella, dependiendo el caso) te pisará los talones cada vez que le des la oportunidad. Otros simplemente no notarán tu existencia y otros serán tan invisibles que ni siquiera tú los sentirás. Y si tienes hijos, ellos crecerán, posiblemente te mandarán a un asilo y tú te verás obligad@ a convivir con ancianos que estarán en las mismas condiciones que tú, y que, por lo tanto, serán tus compañeros.
Bueno, tal vez estoy siendo muy radical. Es probable que estos patrones no se repitan al cien por ciento, pero todo compañerismo, tanto escolar como laboral, todo, sin excepción, tiene algo en común: siempre habrá un líder, una autoridad: en los cuneros son las enfermeras, en la guardería son los educadores, en la escuela son los profesores, en el trabajo son los jefes y en los asilo, vuelves al comienzo, porque una vez más, te ves obligado a que las enfermeras decidan por ti, sólo que ésta vez no es un día o dos, sino semanas, meses o tal vez años.
Aunque, si tú, querido lector, lo que deseas es saber lo que yo tengo que decir respecto a mis experiencias con los compañeros, pues en realidad no es mucho. Para empezar, no fui a la guardería, y por lo tanto no compartí juguetes; en el kínder, estuve muy aislada, y eso continuó en la primaria, a excepción de sexto año; en la secundaria, al principio convivía con los demás, y al final volví a aislarme; en la preparatoria he logrado aprender el significado de la amistad. Sin embargo, para mí AMISTAD no es lo mismo que COMPAÑERISMO; si me dan a elegir, prefiero mil veces lo primero.
Posiblemente todo lo que estoy diciendo sobre mí contradice la regla de la necesidad de interactuar con otros, y posiblemente se confunda el compañerismo con la amistad. Para ser sincera, en muchos aspectos, rechazo el compañerismo, porque en el paquete viene incluida la obligación de trabajar en equipo, y no miento al decir que casi siempre me van mal con eso, porque, invariablemente, el "EQUIPO" termino siendo yo. Además, el compañerismo para mí no es otra cosa sino el miedo a la soldad, como ya lo mencioné antes, el miedo a enloquecer, la dependencia, y con eso concluyo: ¿es realmente bueno el compañerismo? Después de todo, tal vez estar loco no sea del todo malo, ¿o usted qué opina?
Por Nikte Shiordia
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