lunes, 3 de febrero de 2014

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viernes, 15 de octubre de 2010

Lo que le dije del textoLa colaboración de la que le hablé

La nuestra es una relación sado-masoquista. Yo lo blasfemo, me quejo, y hay momentos en los que lo maldigo y deseo jamás haberlo conocido. Cada día, me entero de que de nuevo hizo de las suyas y me dan rabietas; siento que es tan…manipulable; es muy débil de carácter, y eso me frustra, porque en vez de progresar, retrocede. Para ser sinceros, es un mediocre, un perdedor, un completo y rotundo fracaso: todos los que lo conocemos lo sabemos perfectamente, sólo que algunos prefieren "hacerse de la vista gorda": cada vez que compite con otros, queda en el último lugar, y, aunque supuestamente lucha para destacar, sus esfuerzos son vanos, y lo único que logra es hundirse más: está al borde de tocar fondo, está prácticamente en el hoyo, y va a pasar mucho tiempo antes de que salga de él, si es que sale.

He de decir que no siempre fue así: en algún momento fue respetable: tenía muchas riquezas, era más pulcro en su apariencia y poseía cierta popularidad. El problema fue su ignorancia y su soberbia, las cuales se encargaron de llevarlo a la ruina. Y desde entonces no ha podido recuperarse: se ha vuelto increíblemente dependiente, y las pocas veces que llega a luchar y a medio-reponerse, llega alguien y arruina su trabajo. Y lo que más aborrezco es su fanfarronería: siempre alardeando, presumiendo de lo que no tiene, y peor, de lo que no es: año tras año es lo mismo, y lo más patético es que la mayoría se lo festeja.

Sin embargo, los años pasan, y pasan, y yo no logro dejarlo. Lo he pensado muchas veces, pero no puedo hacerlo, y trascurrirán más años antes de que lo haga. A pesar de que deseo mandarlo al carajo, y que sé que quedarme junto a él con todo y su mediocridad sólo logrará que me estanque, hay algo dentro de mí que anhela con todas sus ansias ayudarlo, sacarlo adelante, lograr que triunfe y que se hablen cosas verdaderamente buenas de él.

Después de todo, lo conozco de toda la vida, y es el único con el que he estado, porque no he tenido oportunidad de conocer a otro y porque, muy a mi pesar, dependo de él como él depende de muchos. Mi situación y la suya son completamente distintas, pero, finalmente, compartimos los mismos males: sus penas son tan suyas como mías y las mías de algún modo también le afectan.

Además, hemos vivido muchas cosas juntos, y debo reconocer que tiene bastantes cosas buenas: algunas las conserva como recuerdo de sus años mozos, de cuando fue rico y poderoso; otras son consecuencia de la ayuda que muchos le han proporcionado, personas que, como yo, se preocupan por él; tiene buen sentido del humor, y un basto talento para infinidad de cosas; cuenta historias muy interesantes que incluso son famosas entre otros y, en ciertos días, viste ropas muy elaboradas y coloridas que lo hacen lucir hermoso; y por si eso fuera poco, las fiestas que organiza ya quisieran celebrarlas otros, sin mencionar que su comida es deliciosa.

Así que, como conclusión, puedo decir que él, como todos, tiene sus cosas buenas y malas. Sus virtudes casi siempre son opacadas por sus defectos, y da la impresión de que es más malo que bueno, y tal vez sea verdad. Como ya dije, nuestra relación es de amor-odio: así como sufro por él, otras veces me divierto como loca a su lado; así como me maltrata, hay ocasiones en las que parece que me ama, porque, a pesar de la situación, jamás me ha faltado nada con él. Así es él: mediocre, pero talentoso; débil, pero luchón; pobre, pero a la vez hermoso. Él es voluble, así es él; así es México.