Ella recuerda aquellos días como si hubieran ocurrido ayer. Su primera impresión fue extraña: es la típica sensación que una persona experimenta cuando es nueva en algo. Había muchos alumnos, todos con su uniforme color azul marino, el cual ella aún no tenía; cada una de esas personas traía en sus manos una papeleta de inscripción, la cual mostraban en la entrada para posteriormente tomar lugar en sus correspondientes filas.
Ella no había llevado tal papeleta; de hecho, ni siquiera sabía que había que llevarla, y al principio se preocupó: por un momento pensó que perdería su primer día de escuela en aquella secundaria, a la cual había ingresado con un puntaje considerablemente alto en su examen de admisión.
Aquella escuela se había convertido en un anhelo para ella desde que ella tenía diez años, ya que incluso la institución era promocionada por algunos canales de televisión; y en esos momentos, la chica no pudo evitar sentir cierto orgullo, y al mismo tiempo mucho pavor: ¿qué sería de ella en ese lugar?, ¿cómo la verían sus compañeros de segundo y tercer año?, ¿tendría nuevos amigos o se quedaría sola como hasta ese momento lo había estado?, ¿saldría con buenas notas?, ella lo sabría después, con el paso de los días, de los meses y de los años.
En ese primer día, lo único que le importó en aquellas tempranas horas fue la bendita papeleta de inscripción. A su lado había otros chicos, casi todos de nuevo ingreso. De repente, escuchó un sonido: era como una balada romántica que le agradó, aunque la letra no tenía nada de romanticismo: era el himno de su escuela; no era un himno muy común, y parecía más una canción pop como las que interpretan los grupos Camila o Sonhora, que un himno escolar. Cuando la canción terminó, se aproximó un prefecto hacia la multitud en la que ella se hallaba, el cual les ordenó que pasaran a la fila de su grupo; ella sintió alivio, porque no la regresarían a su casa; aunque por otro lado, sus nervios causaron que llegara un poco tarde a reunirse con sus compañeros de curso.
Ella recuerda también lo difíciles que fueron sus días de estancia en tal institución, especialmente los primeros y los últimos. Realmente, el colegio no era tan grandioso como ella creía: muchas tareas, profesores difíciles, compañeros de clase muy inteligentes, pero exageradamente conflictivos, sin mencionar que eran bastante hipócritas, etc. Al principio, ella era muy tímida, y sólo tenía una amiga, casi tan tranquila como ella, sino es que aún más; también recuerda que casi fue expulsada a su segunda semana de ingreso, debido a una disputa que sostuvo con su profesora de español.
Sin embargo, su timidez, recato y sumisión se esfumaron cuando conoció a la chica que se convertiría en su nueva "mejor amiga". Y ahí llegó el cambio: de ser una niña aislada y sobresaliente en los estudios, pasó a ser la niña mala de su clase: la necesidad de atención, el querer experimentar, el deseo de probar suerte con los chicos, entre otras cosas, fueron hechos que hicieron aún más complicada su permanencia en esa escuela, y aún más difícil la relación con sus padres.
Con muchos esfuerzos, pasó a segundo año. Ella creía ser feliz, sentía estar en su ambiente, sin darse cuenta de que estaba en un error. Cuando acabó el primer bimestre, notó que su rendimiento había bajado, tal vez por pereza, tal vez por algún bloqueo, pero a partir de entonces, todo cambió para mal: tuvo conflictos en su casa, los cuales la ponían de muy malhumor casi todo el tiempo, provocando que ella desquitara su enojo contra todos los que la rodeaban; cuando sus "amigos", se alejaron de ella, nuestra chica comenzó a sentirse cada día más miserable, al grado de aislarse por completo de la gente, descuidar sus hábitos alimenticios y desarrollar un comportamiento autodestructivo.
Cas al terminar su segundo curso, ella comenzó a pensar en el suicidio e incluso casi lo logró. Sin embargo, sus padres se encargaron de que ella no volviera a intentarlo. Finalmente, lo que ya estaba más que previsto, sucedió: su expulsión de aquel colegio cuando hubo concluido ese ciclo escolar. Ella tuvo que conformarse con estudiar su tercer año de secundaria en una Escuela Técnica que era, indiscutiblemente, el polo opuesto de su anterior colegio: muy pocas tareas, profesores mediocres y alumnos igual o más conflictivos que sus antiguos compañeros de clase, pero con un coeficiente intelectual aparentemente inferior. La única semejanza que, a su criterio, parecían poseer ambas escuelas, era que tanto un lugar como en el otro, ella no lograba hallarse. Eso fue para ella la secundaria: una época maldita y miserable que desearía no haber vivido.
Sin embargo, a pesar de que eso recuerdos aún la persiguen, y seguramente la perseguirán por el resto de su vida, ella no parece inconforme ahora, ni piensa en la muerte como un modo de escapatoria a sus problemas. Ella se siente afortunada y, hay momentos en los que cree que aquellas experiencias fueron tal vez lo mejor que pudieron ocurrirle, ya que le dieron una lección que hasta la fecha no olvida, y desearía no olvidar jamás: que todos cometen errores, y que no es malo cometerlos, pero si lo es repetirlos.
Han pasado años desde aquella etapa tan difícil, pero ahora pareciera que jamás ocurrió. Y es que, al verla, nadie imaginaría que ella en algún tiempo fue una muchacha perturbada y con conflictos que casi la orillaron a terminar con su vida. Actualmente ella es vista por sus amigos y maestros como una buena estudiante, tranquila y responsable, a la cual le gusta aprender cosas nuevas y que siente un inmenso rechazo por las personas perezosas y sin otros objetivos en la vida más que las vanas diversiones, por esas personas a las cuales ella perteneció durante algún tiempo.
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