jueves, 27 de mayo de 2010

MI ANECDOTA

Abrí los ojos y no pude ver más que oscuridad, mi cuerpo entumido recobró poco a poco la movilidad mientras que el frío recorría lentamente mi piel estremeciéndome por completo, entre chillidos y alaridos mi ser se desvanecía de nuevo al recordar lo sucedido y concientizar el estado en el que me encontraba, quise imitar los sonidos que me rodeaban, pero la voz se ahogo entre mi garganta y un dolor agudo me obligó a guardar silencio. El suelo sobre el cual me encontraba estaba frío y las pequeñas piedras comenzaban a incrustarse en mi cuerpo que se doblegaba de dolor al intentar incorporarme, así que opte por recostarme sobre mi hombro derecho; los recuerdos no se hicieron esperar, un vehemente destello y una multitud corriendo, niños perdidos llorando, gente escondida gritando, las rocas y los árboles se convirtieron en refugios y de pronto un agudo dolor y la vista nublada, solo eso, imágenes fugaces en mi mente. Mis ojos ardían cuando recobre por completo mis sentidos, cuando ese estado de turbación se disipó fugazmente de mi ser, mientras que un hedor repulsivo se impregnaba en el ambiente, aterrorizado por el estado en el que me encontraba me levanté pese a los suplicios de mi cuerpo y avancé lentamente en medio de la oscuridad, tropezándome con rocas y objetos que hasta la fecha no quisiera descifrar, porque al sentir entre mis pies desnudos esos bultos lánguidos y helados mi ser por completo se estremece, así que me dirigí hacia cualquier lugar sin pensar en nada, solo en encontrar una salida para no escuchar de nuevo aquellos gritos durante horas pidiendo ayuda sin saber donde encontrarlas, mis rodillas no soportaban más el peso de mi cuerpo y la sequedad en mi boca se volvía insoportable cuando a lo lejos vislumbre un fulgor cegador, mi corazón se sobresaltó, y olvidándome de todo dolor corrí para abrazar la claridad del día donde seguramente encontraría una respuesta, pero sin duda alguna un estado mejor que en el que me encontraba; caí en cuenta de mi error mientras mi cuerpo desfallecía, apoyando mis manos y mis rodillas contra el suelo, la sonrisa dibujada en mi rostro se desvaneció, y mis ojos llenos de lágrimas se cerraron intentando olvidar lo que observaba a mi alrededor.

 

Las horas transcurrían y en medio de mi azoramiento no encontraba ya una razón para calcular el tiempo, así que decidí quedarme ahí, sobre la tierra y esperar a que mi cuerpo se desvaneciera por completo; una mirada entre los pastizales ahora marchitos, y mi alma lloraba desconsolada, intenté refugiarme entre mis brazos cuando sentí una suave caricia, y en un momento de insania nuestras miradas se cruzaron, por un momento no creí que fuera real, pero sus ojos humedecidos me llenaban de dicha, y corrí a  abrazarlo sin saber si quiera quien era, pero en el fondo ambos lo sabíamos.

 

El cielo estaba gris, y el viento levantaba el polvo obligándonos a cubrirnos constantemente nuestros rostros, el me tomó del brazo y me condujo entre los pastizales, el recuerdo de aquellos cuerpos inertes, dispersos sobre la tierra, la sangre tiñendo las rocas, la muerte rondando, incesante, producían en mi cuerpo una sensación de angustia, el hedor que en el ambiente se impregnaba, se adentro en mi garganta, y el sabor metálico en mi boca se volvió insoportable obligándome a regurgitar detrás de una roca; la noche caía cuando recobramos el paso y en medio de la oscuridad observamos a dos hombres persiguiendo a un tercero, el hombre que me sujetaba del brazo me dirigió hacia una enorme roca donde nos ocultamos, aquel hombre tropezó y cayo sin fuerzas para incorporarse de nuevo, ahogue mi llanto y mi repulsión  cuando los otros dos hombres se acercaron y lo golpearon utilizando enormes rocas que después emplearon para destazarlo por completo, no quise observar más.

Aquella mañana fue la más triste de mi vida, aún recuerdo las sonrisas de los niños que ahora se difuminan al tropezar con los pequeños cuerpos recostados sobre la tierra.

Mi acompañante me ha ayudado a resistir esta desgracia, y sobre todo me ha enseñado a sobrevivir. Los días transcurrían y yo no sabía cuanto tiempo permanecí en aletargamiento, pero mi cuerpo discernía el tiempo suficiente para que la piel ahondara entre los huesos.

Nunca pensé que fuera tan difícil conseguir agua para beber, pero el me ha mostrado la forma en que algunas plantas y raíces que sobrevivieron, retienen el elixir que buscamos, pero lo peor ha sido encontrar alimento porque aquellos pequeños animales con los cuales solíamos satisfacer nuestro apetito, desaparecieron por completo; fue horrible tener que observar sus ojos sin vida y tocar su fría piel antes de devorarlo por completo, aun recuerdo sus facciones, un pequeño niño de tal vez 16 años, pero nuestros cuerpos no podrían resistir más el hambre, que día con día se vuelve intolerante y más aguda.

Cada noche tenemos que encontrar un lugar seguro donde descansar, lejos de los carroñeros, evitando ruido alguno para no ser descubiertos, este lugar se ha convertido en una verdadera jungla.

Nunca podré reponerme de aquella noche, cuando mi compañero y yo nos refugiamos como siempre después de un arduo día ocultándonos y buscando agua y alimentos; fuimos despertados por unos terribles alaridos, y al abrir los ojos me percaté de 3 pares de ojos que nos observaban, gimiendo y golpeando, ellos habían perdido toda cordura, me incorporé de inmediato y jalé a mi compañero, pero, era demasiado tarde, aquellos hombres lo sujetaban estrechándolo para que no pudiera escapar, y entre gritos de dolor comenzaron a golpearlo, en medio de mi conmoción, corrí odiándome por huir, con la impotencia y a la vez el reproche de no haber podido hacer nada.

Han pasado mas de dos semanas desde aquella vez, y mi ser, no puede reponerse por completo, puedo ver a los pocos supervivientes, luchando por seguir existiendo y me pregunto si al otro lado del mundo las cosas son así, si la poca humanidad que queda se arrepiente de haber provocado lo que ahora nuestros ojos no pueden descifrar, si alguien en este mundo aprendió alguna lección, probablemente no, porque ahora la gente no se pondrá a reflexionar, solo buscan alimento y agua para tomar, y todos aquellos recuerdos y las enseñanzas que nos inculcaron, ahora están marchitas, como los cuerpos lánguidos que describen este lugar y a los propios humanos que acabaron con nuestro planeta.

JMC

No hay comentarios:

Publicar un comentario