Las batallas
"Oye Carlos por qué tuviste que salirte de la escuela esta mañana, oye Carlos por qué tuviste que decirle que la amabas a Mariana"
Acababa de cumplir doce años, cuando escuché por primera vez esta canción, resonó en mi mente mucho tiempo, y la cantaba en todo momento, hasta el punto de fastidiar a todos.
Un día, Janis llegó muy contenta a la escuela, y me dijo – mira lo que te compré- sacando de su mochila un pequeño libro amarillo, en cuya portada había una mujer muy bella con los ojos cubiertos por una franja negra, "José Emilio Pacheco, Las batallas en el desierto", decía con grandes letras negras.
-La canción que tanto cantas, es acerca de este libro-
Hasta entonces yo nunca había leído un libro, inmediatamente lo abrí y comencé a leerlo, la forma en que se me presentaba esta historia no se parecía a las películas o telenovelas o caricaturas con la que hasta entonces me había entretenido, sin saber cómo, este libro me atrapó, comencé a leerlo antes de que iniciara con la primera clase, y poco a poco fui encontrando las relaciones con mi canción favorita de esos días, lo cual me entusiasmaba cada vez más, entendí por qué Carlos no debió salirse de la escuela y por qué no debió decirle a Mariana que la amaba, imaginé cómo se sentía Carlos, imaginé el rostro de la bella Mariana, y todas estas imágenes estaban en mi cabeza, no en una pantalla.
Extasiada por esta nueva experiencia, perdí la noción del tiempo y del lugar en el que estaba, la clase ya había comenzado y tuve que guardar el libro, no entendí nada de lo que dijo el profesor, sólo pensaba en qué le ocurriría a Carlos después de que su familia y sus compañeros se enteraran de lo que hizo.
Por fín sonó la chicharra para salir al receso, inmediatamente saqué el libro, y mientras mis amigas miraban al chico que les gustaba y le coqueteaban yo estaba sumergida en la historia, las páginas daban vuelta con rapidez pues me intrigaba mucho el saber cómo terminaría esto, un sin fin de sentimientos se despertaban en mí con cada suceso en la vida de este niño enamorado.
Mis amigas me hablaban, me contaban cómo aquel muchacho las miró, cómo les sonrió pero yo estaba ausente, no las escuchaba, solo oía las voces de los personajes, veía los rostros de todos ellos, la escuela de Carlos con su patio tan parecido a un desierto, donde jugaban a las batallas, la casa de Marianta tan ordenada siempre, y todo esto, dentro de mi cabeza.
Llegaba ya a las últimas páginas y cada suceso inesperado en la novela aumentaba mi emoción, Carlos terminó de contar su historia, y la veía tan lejana como yo, no quedaba nada tangible de ella, de hecho nundca lo hubo, lo único que me quedaba entonces era la placentera sensación de una incontenible hambre por repetir esta experiencia.
MOV
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MATISS
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